Entrevista con Mileidys Nieves
Una vida entre el cacao, la ingeniería y el chocolate
Entrevista con Mileidys Nieves
Una vida entre el cacao, la ingeniería y el chocolate
Mileidys Nieves
Una vida entre el cacao, la ingeniería y el chocolate
Mileidys Yohana Nieves Mora es Ingeniera en Procesos Industriales y Máster en Desarrollo e Innovación de Alimentos, con más de una década de experiencia especializada en cacao y chocolate. Su trayectoria combina consultoría técnica, investigación y desarrollo, optimización de procesos, gestión de calidad e innovación alimentaria.
Es fundadora y directora de Versado en Chocolate, plataforma dedicada a la consultoría, formación y transferencia de conocimiento en la cadena de valor del cacao. Ha desarrollado proyectos en Venezuela, Colombia, España y Panamá, ocupando responsabilidades técnicas, directivas y de producción. Cuenta con diversas certificaciones especializadas en innovación alimentaria, control de riesgos, procesamiento y conservación. Asimismo, integra el Consejo de la Red Mundial de Turismo de Cacao, donde participa en iniciativas de formación, certificación y calidad.
Mileidys, detrás de Versado en Chocolate hay una ingeniera, una emprendedora y, sobre todo, muchos años de experiencias. Si tuviera que llevarnos al momento en que comenzó esta historia, ¿qué ocurrió para que el cacao y el chocolate terminaran convirtiéndose en su camino profesional?
Mi acercamiento al cacao y al chocolate no comenzó desde una idea de emprendimiento, sino desde la ingeniería y la industria. Mi formación como Ingeniera en Procesos Industriales me llevó naturalmente a interesarme por entender cómo funcionan los procesos, cómo se controla la calidad y cómo una materia prima puede transformarse en un producto con características determinadas.
El cacao apareció muy temprano en mi trayectoria profesional como estudiante pregrado para cumplir con un proyecto comunitario y, poco a poco, fui descubriendo que detrás de una tableta de chocolate había un universo lleno de variables como: materia prima, fermentación, secado, tostado, formulación, procesos, equipos, control de calidad, análisis sensorial y desarrollo de productos.
En 2014 tuve la oportunidad de formarme específicamente en chocolate y de comenzar a trabajar directamente en la industria. A partir de allí, el cacao y el chocolate dejaron de ser solamente un sector en el que trabajaba y se convirtieron en el campo en el que quería desarrollar mi carrera.
Con los años entendí que mi lugar estaba precisamente en esa intersección entre la ingeniería, la ciencia de los alimentos y la sapienza del cacao y el chocolate. Aquí es donde he aportado más valor, en comprender técnicamente un problema, identificar qué está ocurriendo en el proceso y convertir ese conocimiento en una solución aplicable.
Cuando vemos su trayectoria encontramos calidad, investigación, desarrollo de productos, producción, consultoría y también emprendimientos propios. Pero los currículos cuentan poco sobre lo que sucede detrás. ¿Qué momentos de ese recorrido recuerda como verdaderos puntos de inflexión en su vida profesional?
Han sido varios, y no todos ocurrieron cuando cambié de cargo o asumí una nueva responsabilidad.
El primero, fue al ingresar a la Industria del chocolate de consumo masivo en Venezuela. Entendí que conocer toda la teoría del cacao y la ciencia del chocolate, no era suficiente. Fue necesario comprender el proceso completo y aprender a tomar decisiones basadas en variables medibles. Pasé por producción, calidad e investigación y desarrollo, y cada una de esas áreas modificó mi manera de analizar un producto y el negocio.
Otro momento importante, fue cuando asumí el reto de crear y liderar áreas de I+D. Eso me obligó a dejar de pensar solamente como técnica y comenzar a pensar en los elementos claves de un proyecto: qué problema estamos resolviendo, para quién, con qué recursos y cómo hacemos que una solución sea realmente viable.
Posteriormente, trabajar como consultora y formadora cambió nuevamente mi perspectiva. Empecé a acompañar proyectos de diferentes tamaños, países y magnitudes industriales. Así que confirmé algo que hoy considero fundamental, a veces el problema no está en la falta de conocimiento, sino en no saber cómo convertir ese conocimiento en decisiones concretas y tomar acciones rápidas.
Esos cambios construyeron mi perfil actual. Hoy no miro el cacao solamente desde la materia prima, ni al chocolate solamente desde el producto terminado. Siempre busco comprender la cadena completa y, sobre todo, dónde está la oportunidad real de mejora o innovación.
Emprender también significa equivocarse, cambiar de dirección y volver a empezar con más experiencia. En su historia profesional hay proyectos que evolucionaron y otros que terminaron. ¿Qué le enseñaron esas etapas sobre usted misma y sobre la manera en que hoy construye Versado en Chocolate?
Los proyectos que no continuaron son tan importantes como los que sí lo hicieron. Emprender, me enseñó que cerrar, transformar o replantear un proyecto no necesariamente significa fracasar. Algunas veces, significa reconocer que las condiciones cambiaron y que insistir en el mismo modelo ya no tiene sentido.
También aprendí a separar una buena idea, de un buen negocio. Una idea puede ser técnicamente interesante y, sin embargo, no tener mercado, estructura, recursos o un modelo suficientemente sólido para sostenerse.
Hoy tomo las decisiones de una manera más consciente. Evalúo qué problema estoy resolviendo, quién necesita realmente esa solución, qué capacidad tengo para ejecutarla y qué debe ocurrir para que pueda crecer sin perder calidad.
Versado en Chocolate, también es resultado de ese aprendizaje. Comenzó en 2019 como una plataforma digital y fue evolucionando a medida que entendía mejor las necesidades de las personas y empresas que nos llegaban. Así fue como nos dimos a conocer en al menos 20 países en todo el mundo. Hoy estamos llevando esa experiencia hacia un espacio físico en Colombia, pero sin perder el propósito inicial que es conectar conocimiento técnico con las necesidades reales del sector.
Quien llega a usted suele hacerlo porque tiene una idea, un producto o un negocio que necesita mejorar. Cuando escucha por primera vez a ese emprendedor o empresario, ¿qué busca comprender antes de hablarle de procesos, formulaciones, costos, calidad o posibles soluciones?
Siempre, antes de hablar de una solución necesito comprender el problema.
Cuando alguien llega con una idea, lo primero que quiero saber es qué quiere conseguir, qué está haciendo actualmente, qué resultados está obteniendo y dónde considera que está su principal dificultad o debilidad. También necesito conocer aquello que no se menciona inicialmente: qué materias primas utiliza, qué equipos tiene, qué capacidad de producción maneja, quién es su cliente, quiénes son los colaboradores, quiénes son los socios o sus visiones a largo plazo y qué restricciones económicas o de operación existen.
Por ejemplo, una formulación puede funcionar perfectamente en un laboratorio y no ser viable para una pequeña empresa. De la misma manera, un proceso técnicamente correcto puede no ser adecuado para una determinada escala de producción.
Por eso no comienzo preguntando solamente “¿qué producto quieres hacer?”. Busco comprender el negocio, el proceso y el producto como todo un sistema. A partir de acá, determino si el problema está en la formulación, en el proceso, en la materia prima, en los equipos, en el control de calidad, en las personas o incluso en la definición del producto.
Esa lectura inicial es la que permite que una recomendación técnica realmente sea útil.
A veces un chocolate puede parecernos delicioso, pero detrás existen formulaciones, procesos, controles y muchas decisiones técnicas. ¿Cómo logra explicar toda esa complejidad de una manera cercana para que un emprendedor comprenda no solamente qué debe cambiar, sino también por qué necesita hacerlo?
Para mí, explicar técnicamente no significa simplificar hasta perder el contenido. Significa encontrar la manera de que una persona pueda comprenderlo y utilizarlo luego.
Así que cuando explico un proceso, siempre genero un diagrama, gráfico o dibujo para relacionar cada decisión con un resultado a futuro visible. Si hablamos de una formulación, no me interesa solamente decir qué ingrediente debe incorporar, cambiar o eliminar, sino explicar qué función cumple, cómo afecta la estructura, el sabor, la estabilidad o el costo y qué puede ocurrir si se modifica.
Lo mismo sucede con los procesos. Una persona puede aprender que debe controlar una temperatura determinada, pero si no comprende qué está ocurriendo en el chocolate cuando esa temperatura cambia, difícilmente podrá resolver una desviación cuando aparezca.
Mi objetivo es que quien recibe una recomendación técnica, no dependa permanentemente de mí para repetirla. Quiero que entienda el criterio detrás de la decisión y pueda utilizarlo posteriormente en su propio proceso.
Después de varios años trabajando digitalmente y acompañando proyectos dentro y fuera de Colombia, nace Casa Versado en Bello. ¿Qué significa personalmente para usted abrir las puertas de un espacio físico donde ahora puede enseñar, experimentar, recibir personas y desarrollar nuevas ideas?
Casa Versado representa una evolución natural de lo que he venido construyendo desde 2019.
Versado en Chocolate nació como una plataforma digital porque necesitaba una forma de satisfacer una necesidad de chocolateros emergentes en Venezuela, Colombia y España ávidos de conocimiento y resolver dudas acerca de la elaboración de chocolate artesanal bajo la filosofía Bean To Bar. Es decir, compartir conocimiento y acompañar proyectos sin que la distancia fuese una limitación. Durante estos años trabajé con personas y empresas de diferentes lugares, formé profesionales, desarrollé productos y acompañé procesos de manera completamente remota.
Ya lo había vivido antes con otros negocios en Venezuela, el cacao y el chocolate también necesitan espacios para experimentar, probar, equivocarse y construir.
Abrir Casa Versado en Bello significa llevar esa experiencia digital a un espacio físico. Es un lugar para formar, desarrollar productos, evaluar materias primas, trabajar con equipos, recibir emprendedores y generar encuentros entre personas que hacen parte de esta cadena.
Para mí tiene además un significado personal importante, después de varios años trabajando desde distintos lugares y acompañando proyectos internacionales, estoy construyendo un punto de encuentro propio en Colombia, país donde cualquiera puede llegar.
No lo concibo simplemente como una tienda o un aula. Quiero que sea un espacio donde una idea pueda convertirse en un producto y donde el conocimiento técnico pueda encontrarse con la realidad de quien produce.
Usted ha compartido conocimiento con estudiantes, emprendedores, productores y profesionales con experiencias muy diferentes. ¿Hay alguna transformación de una persona o de un negocio que recuerde especialmente y que le haya hecho pensar: "esto es exactamente para lo que quería crear Versado en Chocolate"?
Definitivamente sí, casi todos. Cuando miro los nuevos negocios siendo reconocidos y formalizados siento que hemos contribuido en alguna medida a sus éxitos. Porque más que un producto terminado, lo que más me satisface es ver cómo cambia la manera en que una persona toma decisiones después de trabajar conmigo.
He acompañado emprendedores que inicialmente llegan buscando una receta y terminan entendiendo que necesitan controlar todo su proceso. Productores que comienzan hablando solamente de precio y terminan preguntándose por el perfil sensorial, los certificados de análisis, volúmenes de producción y el mercado al que quieren llegar. También a empresas que tienen nuevos productos en proceso y que funcionan, pero necesitaban darle estructura, seguimientos y evaluarlos para asegurar los lanzamientos al mercado.
Esos cambios son muy significativos para mí, porque muestran que el conocimiento realmente se convirtió en una máquina de capacidades y habilidades para brindar soluciones.
Uno de nuestros propósitos como Versado, es mejorar continuamente y no crear la dependencia del conocimiento técnico, sino generar criterio para que las personas puedan tomar mejores decisiones sobre sus propios productos y negocios.
Su trabajo le permite conocer de cerca los desafíos que enfrentan quienes producen cacao o elaboran chocolate. Más allá de la tecnología y los equipos, ¿qué cree que necesitan aprender o fortalecer nuestros emprendedores para convertir buenos productos en negocios realmente sostenibles?
Considero que uno de los principales retos es pasar de producir un buen producto a desarrollar un sistema capaz de sostenerlo.
Tenemos personas con muchísimo talento, buenas materias primas y productos con potencial, pero todavía encontramos debilidades en aspectos fundamentales como la estandarización, el control de procesos, la documentación, el cálculo de costos, la selección de materias primas y la definición del mercado objetivo.
También necesitamos aprender a medir. La percepción de que un producto “está bueno” es importante, pero no es suficiente para garantizar consistencia, ni para crecer.
Un negocio sostenible necesita saber qué está haciendo, por qué lo está haciendo, cuánto le cuesta, qué resultado espera obtener y cómo puede repetirlo.
Por eso insisto tanto en conectar calidad, procesos, producto y mercado como un todo o un engranaje, no funcionan por separado. La tecnología puede mejorar muchísimo un proceso, pero si no existe criterio para utilizarla, solamente tendremos equipos más sofisticados produciendo problemas a mayor velocidad.
Usted habla de economía circular y del aprovechamiento integral del cacao, conceptos que pueden parecer muy técnicos para algunas personas. ¿Cómo los llevaría a la vida cotidiana de un pequeño negocio y qué oportunidades identifica en aquello que tradicionalmente hemos considerado un residuo?
La economía circular comienza cuando dejamos de mirar una materia prima solamente por aquello que tradicionalmente consideramos es su producto principal.
En cacao existe un enorme potencial de aprovechamiento. Aquí decimos que nada se pierde, todo se transforma. Dependiendo de la escala y del contexto, podemos encontrar oportunidades en la cáscara, mucílago, cascarilla y otros subproductos generados durante la transformación. Pero no se trata simplemente de utilizar un residuo para fabricar cualquier cosa. Hay que preguntarse si ese aprovechamiento es técnicamente viable, si es inocuo y seguro, económicamente rentable y si existe un mercado dispuesto a pagar por él.
Para un pequeño negocio esto puede comenzar de manera sencilla. Por ejemplo, identificar qué materiales está descartando, cuantificar cuánto genera, caracterizarlos y analizar qué usos podrían tener dentro o fuera de su proceso.
Incluso algo tan básico como reducir pérdidas, mejorar el rendimiento de una materia prima o reutilizar correctamente un subproducto ya forma parte de una estrategia de aprovechamiento.
Me gustaría darles la idea que suelo trabajar cuando conecto productores con chocolateros. Los sacos de yute (fique o sisal) nuevos y en perfecto estado en donde vienen los granos de cacao fermentados y secos, prefiero recolectarlos y regresarlos al productor nuevamente. Así no generamos un desecho innecesario en producción o espacios en almacén, y contribuimos para un fin en común.
A lo largo de estos años seguramente ha encontrado personas, empresas e instituciones con las que trabajar ha multiplicado las posibilidades de un proyecto. Desde su experiencia, ¿qué hace que una colaboración deje de ser simplemente comercial y se convierta en una verdadera alianza?
Una colaboración puede comenzar con una necesidad comercial, pero una alianza aparece cuando existe una visión compartida y cada parte aporta algo que la otra necesita para avanzar.
Para mí son fundamentales tres elementos: claridad en los objetivos, confianza y capacidad de ejecución.
No todas las alianzas tienen que ser grandes. A veces una empresa tiene infraestructura, otra tiene conocimiento técnico y otra tiene acceso a un mercado de nichos, o simplemente buenos contactos. Si esas capacidades se complementan y existe un objetivo concreto, surge un proyecto real e interesante en donde cada uno desarrolle y contribuya con su parte.
También creo que una verdadera alianza debe generar valor compartido para todos los involucrados y, cuando hablamos de cacao y chocolate, idealmente también para la cadena que está detrás del producto.
Me interesa especialmente trabajar con personas y organizaciones que no busquen solamente ejecutar una actividad puntual, sino desarrollar capacidades, productos o proyectos que puedan mantenerse y crecer en el tiempo.
Imaginemos que entre quienes están leyendo esta conversación hay un productor, una empresa, una universidad o alguien con una buena idea relacionada con cacao y chocolate. ¿Qué le gustaría decirle sobre Versado y sobre las cosas que podrían llegar a construir juntos?
A quien tenga una idea relacionada con cacao y chocolate le diría que no tiene que llegar con todo resuelto.
Puede llegar con un cacao que quiere caracterizar, un producto que no está funcionando como espera, una formulación que necesita desarrollar, un proceso que quiere estandarizar, un equipo que no sabe cómo utilizar correctamente o simplemente una idea que todavía necesita convertirse en un proyecto.
Versado en Chocolate reúne un modelo híbrido de formación técnica, consultoría y desarrollo de soluciones para trabajar precisamente en ese punto, donde una idea requiere de una ruta y/o visión para avanzar. Ahora, con Casa Versado, también tenemos un espacio físico para experimentar, formar, desarrollar y encontrarnos.
Me interesa construir proyectos con productores, emprendedores, empresas, universidades e instituciones que quieran hacer algo más que producir chocolate. Aquellos que quieran desarrollar productos con identidad, novedosos, procesos más sólidos y negocios capaces de crecer.
Porque al final, para mí, el verdadero valor del cacao no está solamente en transformarlo en chocolate. Está en todo lo que podemos construir alrededor de él, pues en eso consiste toda mi vida.
Las ideas y opiniones expresadas en este documento no reflejan necesariamente la posición oficial del Tourism and Society Think Tank ni comprometen en modo alguno a la Organización, y no deberán atribuirse al TSTT o a sus miembros.
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