La conectividad aérea acompaña ese plan. Las autoridades han emprendido ampliaciones en el aeropuerto internacional de El Cairo y en las terminales de El Alamein, la Esfinge y Marsa Matruh, enclaves que sirven, respectivamente, a la capital, a la costa mediterránea y a nuevos desarrollos turísticos. Mejorar la llegada de vuelos directos resulta clave para un país cuya oferta se extiende por el mar Rojo, el Mediterráneo, el valle del Nilo y el desierto occidental.
En el plano cultural, el Gran Museo Egipcio se ha convertido en un nuevo imán para el visitante de la capital. Su presencia añade una razón más para viajar a un país que ya contaba con un patrimonio faraónico incomparable, y permite alargar las estancias, un aspecto esencial para que el turismo deje más ingresos por viajero.
La proyección internacional de Egipto se está trabajando también en los foros del sector. Una delegación de su autoridad turística participó en la vigésima sexta Cumbre Mundial del Consejo Mundial de Viajes y Turismo, celebrada en La Valeta, Malta, que reunió a más de doscientos líderes de los ámbitos público y privado. Allí, el ministro de Turismo, Sherif Fathy, recibió el premio Global Champion por su liderazgo en el sector de los viajes y el turismo. Durante su intervención aseguró que el país está comprometido con apoyar y empoderar al sector privado como motor clave de un crecimiento sostenible.
Ese mismo organismo ya había elegido el territorio egipcio en mayo para su primer crucero de liderazgo, que recorrió el canal de Suez y congregó a más de trescientos dirigentes. Que una organización de este calibre escoja Egipto como escenario de sus encuentros es una señal del interés que despierta la región y de la capacidad del país para organizar eventos de alto nivel.
Con todo, el crecimiento del 4 % deja entrever los retos pendientes. Alcanzar los 30 millones de visitantes exigirá algo más que construir habitaciones: hará falta diversificar los mercados emisores, repartir la presión turística entre más destinos del país y mantener estándares de calidad que fidelicen al viajero. La apuesta por el lujo, la cultura y los nuevos polos costeros apunta en esa dirección, aunque su éxito dependerá de la ejecución.
Para los operadores y las cadenas hoteleras, el mensaje es claro. Egipto abre una etapa de inversión intensa en alojamiento, aeropuertos y experiencias, y busca socios dispuestos a acompañarle. Para el viajero, el país ofrece cada vez más opciones, desde el descanso en la costa hasta la ruta por el Nilo o la inmersión museística en El Cairo.
Si el ritmo de los nueve primeros meses se mantiene, 2026 se perfila como un nuevo ejercicio de avance para uno de los destinos con mayor peso histórico del planeta, que ahora trata de traducir esa herencia en una industria moderna, diversificada y preparada para competir en las grandes ligas del turismo mundial.