La evolución trimestral dibuja un arranque razonable y una segunda mitad de semestre más débil. De enero a marzo las llegadas aumentaron un 2 %, pero entre abril y junio retrocedieron un 1 %. Abril cayó un 3 %, en parte porque la Semana Santa comenzó en marzo, y junio perdió otro 3 % interanual. En ese último mes, Europa occidental registró un descenso del 6 %, agravado por una ola de calor en varios destinos, mientras que el Sudeste Asiático cedió un 5 % por la debilidad de la demanda asiática, las tensiones geopolíticas y los trastornos del transporte aéreo que cruza Oriente Medio. Algunos destinos de Oceanía sufrieron además el paso del tifón Sinlaku, con una caída del 6 % en junio.
El panorama por regiones es muy desigual. África lidera con un avance del 4 % en el primer semestre, seguida de Europa con un 3 % y de América con un 2 %, aunque con resultados dispares entre sus subregiones. Asia y el Pacífico suma un 1 %, pero sigue un 11 % por debajo de los niveles de 2019 debido a las interrupciones en la conectividad aérea, a tarifas más altas y a la incertidumbre que pesa sobre la demanda dentro de la propia región. Dentro de ella, el Noreste Asiático crece un 3 %, mientras que el Sur de Asia pierde un 5 % y el Sudeste Asiático un 1 %. El caso más grave es el de Oriente Medio, que se hunde un 22 % al estar directamente afectado por la guerra.
No todo son malas noticias. Las alteraciones del tráfico aéreo se fueron suavizando de forma gradual durante mayo y junio, después de que se anunciara un alto el fuego y se reabrieran algunas rutas. La confianza del consumidor se ha ido recuperando, aunque de manera irregular según los mercados.
La secretaria general de ONU Turismo, Shaikha Al Nuwais, ha reconocido que el sector soporta una presión considerable. En su valoración subraya que la situación en Oriente Medio ha repercutido en destinos situados muy lejos de la región, y la plantea como un recordatorio de que la resiliencia debe construirse en todas partes y no únicamente cuando estalla una crisis. El mensaje apunta tanto a gobiernos como a empresas: preparar planes de contingencia, diversificar mercados emisores y reforzar la conectividad antes de que llegue el siguiente golpe.
Para los destinos europeos, el resultado semestral es una luz moderada. Crecer un 3 % en un contexto adverso demuestra la solidez de su oferta, pero el retroceso de junio en la Europa occidental advierte de que el calor extremo y los precios pueden erosionar la demanda en plena temporada. Para los mercados asiáticos, la lectura es otra: la recuperación pospandemia aún no se ha completado y depende en gran medida de que se normalicen las rutas aéreas y se contengan las tarifas.
Más allá de los números, el barómetro deja una enseñanza clara: el turismo es una actividad extraordinariamente sensible a la geopolítica y a la energía, y su fortaleza depende de la capacidad de adaptación de sus actores. Aerolíneas, hoteles, operadores y administraciones tendrán que seguir innovando para sostener la confianza de los viajeros en un entorno que, por ahora, no ofrece certezas. En la práctica, se aconseja a los viajeros planificar con tiempo y mantener flexibilidad, porque las tarifas y las rutas pueden cambiar con poca antelación, y a las empresas conservar reservas para los meses débiles.