La parte más práctica del nuevo esquema se desarrolla en el aeropuerto. Allí, las aduanas se limitan a comprobar, mediante quioscos automáticos, que las mercancías salen del país. El dinero, en cambio, lo devuelven los comercios, no el aeropuerto, y habitualmente llega a la tarjeta de crédito del viajero en un plazo de una a dos semanas. Es un detalle que conviene conocer, porque muchos turistas suponen que recibirán el reembolso en el propio mostrador y pueden llevarse una sorpresa al comprobar que el proceso no es instantáneo.
Junto a este giro llegan varias simplificaciones que el comercio minorista acogerá con alivio. Desaparece la obligación de precintar los envases de cosméticos y productos de consumo, se elimina la distinción entre bienes generales y consumibles, y se suprime el límite diario de 500.000 yenes para los artículos consumibles. Para las tiendas, esto supone menos trabajo administrativo y menos fricción en la caja; para el visitante, mayor libertad a la hora de comprar maquillaje, alimentos, medicamentos o souvenirs sin tener que preocuparse por empaquetados especiales.
Persisten, eso sí, normas estrictas. Los productos deben salir físicamente del país junto con el viajero, y desde abril de 2025 ya no se admite enviar las compras por separado a casa para beneficiarse de la exención. Además, los artículos deben utilizarse fuera de Japón dentro de un plazo de 90 días desde la compra para mantener su elegibilidad. Los expertos aconsejan conservar los recibos, no desprecintar nada antes de la salida y llegar al aeropuerto con margen suficiente para realizar los trámites.
El turismo de compras es uno de los grandes motores de gasto de los visitantes internacionales en Japón. Grandes almacenes, tiendas de electrónica, boutiques de lujo, cadenas de cosmética y tiendas de productos tradicionales dependen en buena medida de ese flujo. El nuevo sistema pretende reducir los abusos y ordenar la gestión del impuesto, pero también abre interrogantes sobre cómo afectará a la experiencia: pagar el impuesto por adelantado puede disuadir compras impulsivas de bajo importe, mientras que la devolución diferida exige confianza en el procedimiento.
Para las empresas del sector, la preparación es esencial. Los comercios tendrán que adaptar sus sistemas de caja, formar al personal y comunicar con claridad en varios idiomas cómo se solicita la devolución. Las agencias, los hoteles y las plataformas de reserva pueden desempeñar un papel útil informando a sus clientes antes del viaje. Si la transición se gestiona bien, Japón conservará uno de sus mayores atractivos comerciales y mantendrá su posición como referencia mundial del turismo de compras.
Un último apunte afecta a los viajeros españoles y europeos que planean un viaje a Japón: comparar condiciones, guardar los recibos y reservar tiempo suficiente en el aeropuerto puede marcar la diferencia entre un trámite fluido y un contratiempo. Con la reforma, el país apuesta por un sistema más ordenado, aunque su éxito dependerá de que la información llegue con claridad al visitante desde el primer momento.
Los operadores especializados en turismo de lujo también siguen el cambio con atención, porque sus clientes realizan compras de alto importe y esperan un trámite ágil, discreto y transparente. Ofrecer asistencia personalizada para gestionar la devolución puede convertirse en un valor añadido que distinga a las boutiques y a los hoteles de categoría superior.