La presidenta y consejera delegada del organismo, Gloria Guevara, antigua secretaria de Turismo de México, explicó que los resultados de 2026 superan lo que la entidad había previsto. En su opinión, la competitividad de un destino no surge por casualidad, sino que se construye mediante la colaboración. Cuando los gobiernos y el sector privado trabajan de forma coordinada, se crean las condiciones para atraer inversión, impulsar la innovación, mejorar la conectividad y favorecer el crecimiento.
Guevara insistió en que factores como la facilidad para viajar, la regulación, la inversión y las alianzas público-privadas determinan cada vez más hacia dónde se dirigen los turistas, las empresas y los capitales. Dicho de otro modo, un destino atractivo ya no basta: debe ser también accesible, previsible y estar bien gobernado. Esa idea atraviesa buena parte del programa de la cumbre.
El cartel de ponentes refuerza la dimensión política del encuentro. El exprimer ministro canadiense Justin Trudeau pronunciará la conferencia principal, y está prevista la intervención del expresidente del Gobierno de España José María Aznar. Junto a ellos participarán responsables del turismo estadounidense y otros dirigentes de primer nivel, en una agenda que combina el debate estratégico con la búsqueda de acuerdos concretos.
Para los profesionales presentes, la cumbre es también un espacio de contactos. Entre sesiones y encuentros bilaterales se negocian alianzas, se comparan estrategias de inversión y se intercambian soluciones tecnológicas aplicables desde la gestión de flujos de visitantes hasta la personalización de la experiencia.
La elección de Malta no es casual. El archipiélago combina un patrimonio histórico de primer orden con una conectividad aérea consolidada y una industria de congresos en expansión, factores que le han permitido competir con éxito por la organización de grandes foros internacionales. Además, su tamaño reducido facilita una experiencia compacta, en la que los asistentes pueden recorrer a pie los principales escenarios del encuentro.
Una de las apuestas más simbólicas de esta edición es la presencia de cien jóvenes procedentes de cuarenta países, invitados como futuros líderes del sector. Su participación responde a una preocupación creciente: la necesidad de renovar el talento y de incorporar nuevas miradas a una industria que debe afrontar la transición digital, la presión climática y la escasez de profesionales cualificados.
Para Malta, ser anfitriona de un foro de esta envergadura supone una vitrina de primer orden. El archipiélago, que ha apostado de forma sostenida por el turismo cultural y de congresos, aprovecha la ocasión para mostrar su capacidad organizativa y su patrimonio ante los decisores que mueven el mercado. Para el resto de destinos, la cumbre ofrece una hoja de ruta sobre las tendencias que marcarán la próxima década.
El mensaje de fondo es claro: el turismo recupera protagonismo como motor económico y social, pero lo hace en un mundo más complejo. Quienes sepan combinar innovación tecnológica, cooperación entre lo público y lo privado y responsabilidad con las comunidades locales estarán mejor posicionados para captar la demanda de los próximos años.