Otros destinos sufrieron correcciones más severas. Los Cabos perdió un 16,5 % de su flujo, con unos 161.000 visitantes, y Puerto Vallarta registró una de las bajadas más profundas, del 31,7 %. El caso más dramático fue el de Tulum, cuyo aeropuerto vio desplomarse las llegadas extranjeras un 60,1 %, lo que supone la pérdida de más de 12.500 turistas internacionales en un solo mes. También retrocedieron Cozumel, con un 7,4 %, Mazatlán, con un 5,9 %, y Zihuatanejo, con un 10,3 %.
El comportamiento por mercados explica parte del problema. Estados Unidos y Canadá aportan en conjunto cerca del 72 % de los visitantes de Cancún, y mientras el mercado canadiense creció un modesto 2,3 %, el estadounidense cayó un 15,6 %. En Europa los números fueron negativos casi sin excepción, con descensos del 16,4 % en el Reino Unido, del 12,2 % en Francia y del 6,8 % en Alemania, además de pérdidas superiores al 21 % en Italia, Portugal y Polonia. Asia tampoco ayudó, con una baja del 15,9 % en China y del 1,9 % en India.
En América Latina el panorama fue más variado. Brasil aumentó un 42,1 % y Colombia un 16,7 %, dos mercados que ganan peso como emisores hacia el Caribe mexicano. Sin embargo, Argentina, Chile, Cuba y Costa Rica registraron descensos de entre el 16 % y casi el 38 %, de modo que el impulso regional no bastó para compensar las pérdidas procedentes de los mercados tradicionales.
La fotografía acumulada de enero a julio no resulta más alentadora. Solo cinco de los quince principales destinos del país muestran crecimiento, y entre los perjudicados figuran Puerto Vallarta, con un descenso del 20,6 %, Tulum, con un 42,5 %, y Mazatlán, con un 11,9 %. Esta tendencia sostenida sugiere que no se trata de un tropiezo puntual sino de un reajuste más profundo, en el que influyen la percepción de seguridad, el encarecimiento de los precios, la fortaleza de la competencia caribeña y la desaceleración del gasto de ocio en los principales mercados emisores.
El auge de las ciudades, y en particular de la capital, apunta a una demanda que se orienta hacia la cultura, la gastronomía, los negocios y las experiencias urbanas. Este giro ofrece una oportunidad para diversificar la oferta turística del país, pero no puede ocultar que las zonas costeras siguen siendo el principal generador de divisas y empleo en el sector. Un deterioro prolongado afectaría a hoteles, restaurantes, transportistas, guías y miles de pequeños proveedores locales cuya subsistencia depende de la afluencia de visitantes extranjeros.
Los analistas reclaman una estrategia de reacción que combine promoción selectiva, mejora de la conectividad y refuerzo de la seguridad y de la calidad del servicio. También sugieren explorar mercados emergentes, como el brasileño o el colombiano, y reposicionar los destinos de playa con propuestas que incluyan naturaleza, patrimonio y bienestar. Solo con una respuesta coordinada entre administraciones y empresas será posible frenar la sangría de los próximos meses y aspirar a cerrar el año con cifras positivas, algo que hoy parece más difícil que hace doce meses.