Entre los puestos 11 y 20 figuran Dubái, Singapur, Berlín, Atenas, Barcelona, Ciudad Ho Chi Minh, Dublín, Praga, Ámsterdam y Kuala Lumpur. La presencia de ciudades del sudeste asiático confirma el dinamismo de una región que combina centros comerciales de última generación con mercados nocturnos y una intensa vida callejera.
América Latina también tiene su espacio en la clasificación. São Paulo ocupa el puesto 33, Ciudad de México el 36 y Buenos Aires el 49. Las tres metrópolis destacan por su mezcla de diseño contemporáneo, artesanía tradicional y una creciente oferta de moda local, elementos que despiertan cada vez más interés entre los visitantes internacionales.
La lista se completa con destinos tan diversos como Estambul, Toronto, Lisboa, Bangkok, Varsovia, Manila o Marrakech. Esta última cierra el ranking en el puesto 50, con sus zocos llenos de color, alfombras, cerámicas y artículos de cuero que forman parte esencial de la experiencia del viajero.
Para elaborar la clasificación se revisaron más de 100 destinos antes de seleccionar los 50 finalistas. Cada uno fue valorado con un sistema de 100 puntos basado en nueve criterios ponderados. Los de mayor peso fueron la diversidad de la oferta comercial y la cultura de compras local, con un 15 % cada uno.
Además, se tuvieron en cuenta la presencia de comercio de lujo, las opciones para presupuestos más ajustados, la existencia de zonas comerciales emblemáticas y la oferta de experiencias únicas. También se valoraron la accesibilidad, el atractivo para el viajero y la sostenibilidad, un aspecto cada vez más relevante para los turistas que buscan un consumo responsable.
Conviene precisar que se trata de una valoración editorial. El ranking no mide el volumen de ventas, el precio de los alquileres comerciales ni el gasto real de los visitantes. Lo que valora es la calidad y el atractivo de la experiencia de compra que ofrece cada destino.
Desde la publicación subrayan que las compras se han convertido en una de las partes más influyentes de la experiencia de viaje moderna. Hoy el turista no solo busca adquirir productos, sino también conectar con la identidad del lugar a través de su artesanía, su diseño y sus tradiciones comerciales.
Esta tendencia tiene un impacto directo en las economías locales. El turismo de compras genera ingresos para comercios de todos los tamaños, impulsa el empleo y favorece la conservación de oficios tradicionales. Al mismo tiempo, anima a los destinos a cuidar sus barrios comerciales y a diseñar estrategias para atraer a un viajero cada vez más exigente.
Para las ciudades incluidas, aparecer en esta lista supone una oportunidad de promoción internacional. Para las que aún no figuran, representa una invitación a reforzar su oferta y a poner en valor lo que las hace diferentes.
En un contexto en el que los viajeros buscan experiencias auténticas, las compras se consolidan como una forma de descubrir un destino desde dentro. Ya sea en una gran avenida de lujo o en un pequeño mercado de barrio, cada compra se convierte en un recuerdo del viaje.