Uno de los puntos más simbólicos de la agenda es San Juan del Obispo, una pequeña localidad de Sacatepéquez que en 2024 obtuvo el reconocimiento de Mejores Pueblos Turísticos otorgado por la propia organización. Este galardón distingue a las comunidades rurales que conservan sus valores culturales y naturales y que utilizan el turismo como herramienta para mejorar el bienestar de sus habitantes. La visita permitirá comprobar de primera mano qué efectos ha tenido esa distinción en la vida cotidiana, en la creación de pequeños negocios y en la autoestima de los vecinos.
Guatemala ha decidido apostar por una oferta auténtica, competitiva y sostenible, en la que las comunidades no sean meras espectadoras sino protagonistas, y en la que el patrimonio natural y cultural sirva de cimiento. Esa filosofía encaja con la tendencia global hacia el turismo comunitario, una modalidad en la que los habitantes de un territorio gestionan o participan directamente en las experiencias que se ofrecen al visitante, desde alojamientos familiares y talleres artesanales hasta rutas gastronómicas, caminatas guiadas y actividades de conservación.
El interés por este tipo de propuestas crece a medida que los viajeros buscan vivencias con sentido, contacto real con la población local y un impacto positivo en los lugares que visitan. Para los destinos, el turismo comunitario representa una vía para repartir mejor los ingresos, diversificar la economía rural, frenar la emigración de los jóvenes y reforzar el orgullo por las tradiciones propias. Para las empresas, supone una oportunidad de diferenciar su producto en un mercado donde la competencia por la atención del cliente es cada vez más intensa.
La presencia de la máxima responsable de ONU Turismo también envía un mensaje de respaldo institucional a las iniciativas guatemaltecas y puede abrir la puerta a nuevas colaboraciones técnicas, programas de capacitación y vías de financiación. Los expertos recuerdan, no obstante, que el éxito de estos proyectos depende de factores muy concretos: formación de los emprendedores locales, acceso a canales de comercialización, infraestructuras básicas, seguridad y una gobernanza que implique a las propias comunidades en las decisiones.
En un año marcado por la incertidumbre geopolítica y por una desaceleración del crecimiento mundial, la visita adquiere un valor añadido. Los destinos que consigan combinar identidad, sostenibilidad y participación local estarán mejor preparados para resistir las crisis y para ofrecer una experiencia que no pueda copiarse fácilmente. Guatemala quiere demostrar que su riqueza cultural y natural, gestionada junto a quienes viven en ella, puede convertirse en una ventaja competitiva duradera para todo el país.
Para los viajeros internacionales, la experiencia comunitaria se traduce en algo tan sencillo como compartir una comida preparada con ingredientes locales, aprender un oficio tradicional de manos de quien lo practica o recorrer un paisaje acompañado por un guía de la zona. Son vivencias difíciles de replicar en un gran complejo turístico y que, bien gestionadas, generan recuerdos duraderos y recomendaciones de boca en boca.