Uno de los errores más extendidos consiste en incluir una powerbank en el equipaje facturado. IATA advierte que las baterías externas deben viajar protegidas y en el equipaje de mano, donde permanecen accesibles para el pasajero y la tripulación. Esta ubicación es fundamental porque permite detectar y atender con rapidez cualquier incidente. En la bodega, en cambio, una reacción térmica puede ser más difícil de identificar y controlar de forma inmediata.
Las powerbanks son baterías de repuesto destinadas a recargar otros equipos electrónicos. Por ese motivo, requieren un tratamiento diferente al de un teléfono o un ordenador que ya incorpora una batería instalada. IATA señala que los pasajeros deben mantenerlas bajo supervisión, evitar daños físicos y proteger sus terminales frente a posibles cortocircuitos. Una funda individual, un estuche adecuado o una bolsa protectora ayudan a impedir que entren en contacto con llaves, monedas u otros objetos metálicos.
La organización también pone el foco en la necesidad de revisar las normas particulares de cada aerolínea antes de viajar. Aunque existen orientaciones internacionales comunes, los requisitos pueden variar según el país, el aeropuerto, la compañía aérea y las características técnicas de la batería. Algunas aerolíneas, por ejemplo, establecen límites en el número de powerbanks que puede transportar cada persona, prohíben recargarlas durante el vuelo o restringen su uso para alimentar otros dispositivos a bordo.
La capacidad de la batería es otro elemento decisivo. Esta suele expresarse en vatios-hora, identificados con las siglas Wh, y determina si el dispositivo puede viajar sin autorización, si requiere aprobación previa o si no está permitido como equipaje de pasajero. Como regla general, las baterías de hasta 100 Wh pueden llevarse en cabina sin autorización adicional. Las situadas entre 100 y 160 Wh suelen necesitar el visto bueno de la aerolínea y están sujetas a límites de cantidad. Las que superan los 160 Wh no se aceptan dentro de las excepciones habituales para viajeros.
IATA ha avanzado además que su orientación previa a las futuras regulaciones sobre mercancías peligrosas contempla un límite de 100 Wh para este tipo de baterías portátiles. Por ello, comprobar la etiqueta del fabricante antes de salir de casa es una medida práctica y recomendable. Si la capacidad no está visible o no puede verificarse, la aerolínea o el personal de seguridad pueden impedir que el artículo continúe el viaje.
La confusión en torno al equipaje facturado sigue siendo un aspecto relevante. Una parte importante de los pasajeros cree erróneamente que puede colocar una batería portátil en la maleta despachada. La diferencia entre una powerbank y un dispositivo con batería instalada es esencial. Un teléfono, una cámara o un ordenador que cumpla las condiciones aplicables puede, en determinadas circunstancias, viajar facturado, pero debe estar completamente apagado, protegido frente a golpes y asegurado contra una activación involuntaria. Aun así, llevar estos equipos en cabina sigue siendo la opción preferible.
También es importante no transportar baterías dañadas, hinchadas, con fugas o que hayan mostrado señales de calentamiento anormal. Los dispositivos retirados del mercado por motivos de seguridad tampoco deben incluirse en el equipaje. Estos casos pueden aumentar el riesgo de una fuga térmica, una reacción que genera calor intenso y que exige una intervención rápida para evitar que se propague.
La seguridad empieza antes de embarcar. Consultar las reglas de la aerolínea, transportar las powerbanks en cabina, protegerlas adecuadamente y conocer su capacidad son decisiones sencillas que reducen riesgos y evitan contratiempos. Cumplir estas recomendaciones permite que los viajeros aprovechen la tecnología durante su desplazamiento sin comprometer la seguridad de todos los ocupantes del vuelo.